Quizás, una de las primeras mujeres que vivió en Castelldefels, bueno, en Kastrum Felix

Alfonso López Borgoñoz (GREHIC)

Foto: GREHIC
El estudio realizado por la antropóloga Marta Lucas de los restos óseos recuperados este verano en la ladera este del castillo de Castelldefels, en una excavación arqueológica dirigida por Pere Lluís Artigues con la colaboración del GREHIC, han permitido identificar a una mujer de entre 40 y 44 años de edad, aproximadamente, cuya muerte (por una causa que aún no se ha podido determinar) sucedió, según el análisis de carbono 14 de una falange de su mano, entre los años 1028 y 1162 dC.
Ese tiempo es entre cincuenta años y casi dos siglos posterior al primer documento (fechado en el 967 dC) que nos habla del castillo e iglesia de Kastrum Felix, el primer nombre de la actual Castelldefels. Según sea la fecha exacta de su muete, quizás llegó a conocer en su infancia a las primeras personas que vivieron en la fortaleza, o, al menos, a algunos de sus bisnietos o bisnietas. Quizás lo fue ella misma.
Se supone que era una mujer por los rasgos morfológicos de la mandíbula y de la pelvis. La estimación de su edad, según la superficie auricular de la pelvis, sitúa su muerte entre los 40 y los 44 años. Aunque el desgaste dental y la pérdida de numerosas piezas dentales en vida parecen sugerir que podría haber alcanzado una edad más avanzada, lo más posible es que su edad no llegara a los cuarenta y cinco años cuando murió.
Foto: Pere Lluís Artigues

Los restos del esqueleto fueron hallados en una fosa simple excavada en tierra, con la espalda apoyada en el suelo, y con la cara mirando hacia arriba (decúbito supino) y con orientación oeste-este, con la cabeza en el oeste, como si mirara el sol naciente cada 21 de marzo o 21 de septiembre. Las manos estaban colocadas sobre la región pélvica. No se documentaron objetos personales ni ajuar funerario. La disposición del esqueleto, especialmente la conservación de la caja torácica en conexión anatómica, indica que la descomposición se produjo en un espacio rellenado con tierra, que limitó el desplazamiento de los huesos. Sin embargo, la compactación del sedimento y los procesos posteriores al enterramiento contribuyeron al deterioro de los restos.
Desgraciadamente, aunque el esqueleto presentaba una representación anatómica relativamente amplia, los restos estaban muy fragmentados y afectados por procesos posteriores al enterramiento. La pérdida de partes del cráneo y de los extremos de los huesos largos, como los fémures, impidió determinar la estatura y realizar diversos análisis métricos. Pese a ello es posible que midiera 1,60 m de altura más o menos.
Se han podido identificar en los restos hallados indicios de osteoartritis (artrosis), una enfermedad de las articulaciones en la que se deteriora progresivamente el cartílago que recubre los extremos de los huesos y que es lo que permite que éstos se deslicen suavemente entre sí. Se ha podido observar esa artrosis en las articulaciones costovertebrales, que están en el punto donde la cabeza de una costilla se articula con una vértebra del tórax. Se encuentran en el pecho. Al no observarse evidencias de una patología generalizada en el resto del esqueleto, es posible que estas alteraciones tal vez estuvieran relacionadas con un esfuerzo físico repetitivo y prolongado.
Foto: Marta Lucas
Asimismo, la mandíbula presenta un desgaste dental anómalo en la única primera molar conservada, compatible con una posible actividad reiterada en la que se utilizaran los dientes como herramienta. Este desgaste dental permite contemplar varias hipótesis de actividades capaces de producir este tipo de marcas en un castillo que hace mil años estaba más cerca del mar que ahora, como que la mujer trabajara en la elaboración de redes de pesca o haciendo cuerdas, cestos u otros objetos a partir de fibras vegetales. Sin embargo, las marcas por sí solas no permiten demostrar que una persona hiciese ninguna de esas cosas en concreto. Podemos documentar el uso de los dientes como herramientas para trabajar fibras y cordajes, pero atribuir ese desgaste específicamente a alguna actividad requiere evidencias adicionales. Pese a todo, es razonable, hasta tener datos mejores, pensar en las hipótesis propuestas como posibles.
Para obtener información sobre la alimentación de la mujer y la posible importancia de los recursos vegetales, animales y marinos en su dieta, haría falta realizar análisis bioquímicos de isótopos de carbono y nitrógeno, así como de elementos traza, que de momento aún no se han llevado a cabo.

Mujeres del Eramprunyà de hace mil años
En los textos de hace diez siglos años, del último tercio del siglo X, nos salen frecuentemente nombre de mujeres, muchas de las cuales tenían bienes, que en algunos casos donaron o vendieron a la iglesia de Castelldefels, en los primeros años de ésta. Hay que recordar que, según la ley visigótica, vigente aún en los condados catalanes del siglo X, se otorgaba a la mujer que se casaba la décima parte de los bienes del marido, y se le garantizaba la copropiedad de la tierra en caso de viudedad, junto con los hijos, todos en igualdad de condiciones.
Así leemos los nombres de Ermengarda o de Saborella, junto al de su hija Grazilia y al de su nuera Venrella, así como los de otras varias[1]. 
Un par de siglos después, tenemos otros nombres de mujeres que vivieron por la zona de Eramprunyà. Incluso tenemos idea de cuan frecuentes fueron en el tiempo de nuestra difunta fueron los de Maria, Elisenda, Guillema, Ermessenda o Catalina[2], que, aunque no sabemos si vivieron en Castelldefels o cerca, sus nombres están asociados a los primeros años de existencia de la fortificación e iglesia medieval.
¿Se llamaría como ellas nuestra mujer? ¿Sería una de las mujeres cuyo nombre nos ha llegado?
Notas
[1] Josep Campmany Guillot “Saborella, veïna de Castelldefels al segle X”, revista municipal de Castelldefels 'El Castell', pág. 2, febrero 2013.
[2] Dolors Sanahuja “Anàlisi dels noms i cognoms medievals del terme d'Eramprunyà (Baix Llobregat) entre els segles XII-XIV”, en Alfonso López Borgoñoz “I si posem un nom tradicional de debó al nen o la nena?”, revista municipal de Castelldefels 'El Castell', pág, 26 mayo de 2025.

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